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Palabras del Presidente del TSE en el Altar de la Patria

 

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Honorables magistrados jueces titulares y suplentes,
Señores funcionarios y empleados del Tribunal Superior Electoral.
Señoras y señores: 


En esta especial mañana de febrero, a solo unos días de conmemorarse la fecha gloriosa de la proclamación de la Independencia Nacional, nos encontramos nuevamente en este solemne lugar, el Altar de la Patria, para presentar el testimonio de nuestra profunda admiración y reverencia a la memoria de Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, y con ellos a todos los hombres y mujeres que a través de nuestra historia han aportado con su vida, su trabajo y sus recursos a la fundación de nuestra nacionalidad y al fortalecimiento de nuestra identidad.

En este altar convertido en mausoleo donde descansan en buen resguardo los restos de los padres de la patria, realizamos este acto recordatorio de la admirable labor llevada a cabo por ellos y quienes les acompañaron en la obra libertaria que, a todo riesgo, emprendieron con la fundación de la Sociedad Secreta La Trinitaria, creada como una sociedad literaria que fungió como medio y plataforma para el desarrollo de acciones que sirvieron para propagar las ideas y los sentimientos de creación de una nación que todos anhelaban ver libre e independiente de la dominación haitiana. Los fundadores de esta sociedad secreta, constituida bajo el lema “Dios, Patria y Libertad” como signo de su profundo compromiso con la causa en la que todos creían, asumieron y firmaron con su propia sangre el juramento sacrosanto que todos aprendimos desde niños:

“En el nombre de la Santísima, Augustísima e Indivisible Trinidad de Dios Omnipotente: juro y prometo, por mi honor y mi conciencia, en manos de nuestro presidente Juan Pablo Duarte, cooperar con mi persona, vida y bienes habidos y por haber, a la separación definitiva del gobierno haitiano y a implantar una república libre, soberana e independiente de toda dominación extranjera, que se denominará República Dominicana; la cual tendrá su pabellón tricolor en cuartos, encarnados y azules, a travesado con una cruz blanca; la República establecerá su correspondiente escudo de armas. Mientras tanto seremos reconocidos los Trinitarios con las palabras sacramentales: “Dios, Patria y Libertad”. Así lo ratifico y prometo ante Dios y ante el mundo. Si tal hago, Dios me proteja y de no, me lo tome en cuenta y mis consocios me castiguen el perjurio y la traición si los vendo”.

Con este juramento desarrollaron los trinitarios todos los actos que conducirían a la creación de una república, soberana, libre, independiente y con identidad propia para abrirse paso en el horizonte de la comunidad de naciones y consolidarse como un Estado con su propio orden constitucional y con las instituciones necesarias para garantizar el funcionamiento y la vida del Estado naciente, conforme a las corrientes de libertad que prevalecían en Europa y toda América, como consecuencia de las ideas liberales fruto del triunfo de la Revolución Francesa de 1789. Duarte, luego de haber viajado por gran parte de Europa con fines académicos, en donde imperaban ideas de libertad e igualdad y la promoción de las libertades civiles, regresó a Santo Domingo con una visión política e iusfilosófica que lo convertiría en el líder del movimiento revolucionario independentista.

El 27 de febrero de 1844 se proclamó la separación de Haití de la parte oriental del territorio que pasó a llamarse República Dominicana, comenzando a partir de ese momento la guerra por nuestra independencia; liberándonos así de la ocupación haitiana y proclamándonos como Estado soberano.
“Trabajemos por y para la patria, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos”, afirmó Duarte con la visión y convicción de que el futuro y la democracia se construyen con el trabajo y el esfuerzo de todos y todas. Solo con nuestra entrega permanente al trabajo y al servicio de los mejores intereses de la nación, con nuestra recta y firme conducta en la vida privada y pública, con el cumplimiento de nuestros deberes como ciudadanos y ciudadanas comprometidos, garantizamos una nación grande, sólida, libre y soberana.

Qué mejor manera de fortalecer nuestros valores patrios y honrar la memoria de los padres de la patria que encaminar nuestros esfuerzos y labores hacia la construcción de una sociedad más justa, próspera y de paz. Tomemos entonces la antorcha de la libertad y el compromiso de preservar y fortalecer los valores que han identificado al noble y valiente pueblo dominicano.

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Trabajemos para el fortalecimiento de nuestras instituciones que es la única vía y garantía para la consolidación del Estado social democrático de derecho que consagra nuestra Constitución.
¡Qué vivan los padres de la patria! ¡Qué viva la República Dominicana!

 

DIOS, PATRIA Y LIBERTAD.

 

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